jueves, 23 de abril de 2009

Una sociedad payanesa…pura tradición colombiana

Semana santa en Popayán representa un mundo lleno de tradición en Colombia, sus procesiones, sus ferias y su rumba en la semana mayor lo demuestran.
Por Nathaly Martínez Ariza
La semana santa se ha terminado y de nuevo las calles de Popayán quedan solas. El paso de la semana mayor ha dejado a la ciudad blanca de Colombia, sin sus procesiones que tanta historia y tradición encarnan. Y es que salir a las calles del centro de la ciudad cada noche a ver la procesión, es algo profundamente espiritual, desde el tamaño de los pasos, hasta los personajes de apellido, que se asoman por los balcones de la alcaldía, de la gobernación y del Club Popayán, para ver la belleza de las imágenes que en su mayoría muestran a Jesús crucificado. Como no dejarse llevar por esa multitud de turistas que no entienden nada de las procesiones, pero que se aglomeran en los andenes para poder ver por más de cuatro horas el desfile de estatuas religiosas que cuentan los últimos días de la vida de Jesús. Como no contagiarse de esa elegancia que esconden las sahumadoras vestidas de campesinas-y solo lo puden hacer por una vez en la vida-, que caminan como si estuvieran frente al mismísimo Papa, sin ninguna sonrisa para el espectador, porque la seriedad ante todo es lo más importante. Y como no dejarse llevar por el porte y el autoritarismo que representan los regidores, vestidos como pintorescos pingüinos que cuidan el orden de cada paso, callando a las personas que hablan y ordenando a los espectadores para que mantengan limpia la calle. No puede haber nada de ruido, pero si es importante que todos los años haya un registro sobre cada una de las procesiones, es por esto que nunca faltan las cámaras de los noticieros y las fotos de los aficionados, incluso los fotógrafos contratados por las familias para que sigan todo el recorrido de los cargueros o sahumadoras. Sin duda una procesión muy ordenada donde solo pueden cargar los hombres de las familias más prestigiosas de la sociedad payanesa, como lo son los Mosquera, los Chaux, los Arboleda, los Otoya, y los Velasco. Muy religioso y muy ordenado al parecer, donde hay más casting para cargar un paso de más de 500 kilos que para ser gobernador.
También Popayán se quedo, - por lo menos por un año-sin sus ferias artesanales que exponen cada año los mejores productos hechos a mano por los indígenas y artesanos colombianos. Productos que nunca son vendidos por sus propios productores, sino claro esta, por los comerciantes que se encargan de hacerles el favor a los indígenas de hacer el negocio con los turistas. Productos que muchas veces ya no son hechos a mano, sino por grandes maquinas que producen en serie y que nos venden como si fueran hechos a mano. Productos, que siempre son los mismos cada año y eso demuestra claramente la variedad artesanal de nuestro país. Pero ¿qué seria semana santa en Popayán sin estas ferias, que incrementan el trabajo en Colombia y promueven lo autóctono y por momentos le dan un aire a la ciudad de fortalecimiento económico, donde hay demanda y donde nunca existieron pirámides como DMG y DRF?
Y por ultimo, Popayán se quedo sin su rumba después de la procesión, que siempre le cambia el panorama a todos los que se esperan hasta las doce de la noche para que la procesión se termine para luego ir a bailar un rato, claro esta, para celebrar que Jesús resucito, y tal vez, que de pronto, muy pronto volverá a salvar a todos los que lavaron sus pecados viendo la procesión, tan humana y tan popular. La fiesta es el símbolo de la alegría y la celebración de estar vivitos y coleando, no como Jesús que tuvo que sufrir tanto por nuestros pecados.
En fin eso es exactamente la sociedad payanesa, la que no solo representa parte de las tradiciones colombianas, sino que también representa a cada uno de los colombianos que tiene una fe impresionante en la religión católica y en la celebración de la pascua. Que no solo cree en la resurrección de Jesús, sino que también cree en el que así sea que nadie tenga en que caerse muerto, por lo menos puede vivir del apellido y de las tierras que algún día sus abuelos tuvieron.
Solo nos queda esperar a que llegue una nueva semana santa, para volver a ver el espectáculo de las procesiones payanesas donde en realidad el elitismo, la hipocresía y la ignorancia reinan, y las calles se llenan de borrachos que solo esperan que la procesión se termine para seguir con la fiesta. Eso es Popayán. Una reinado de mascaras que esconden la realidad de un país lleno de pobreza espiritual.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente sátira natas, solo los que hemos vivido desde adentro todo esto sabemos que esta es la realidad del pueblo, donde está la cultura? en un apellido?, lo hacen para que, para "arrepentirse" de sus pecados o para que la "prole" los (ad)mire porque ellos no pueden cargar un paso por ser de apellido Cucuñame, y no Mosquera? Ahí se ve la "cultura" de nuestro país.