viernes, 12 de octubre de 2012

Entre tus piernas



Por Nathaly Martínez Ariza
Y de  repente se despertó de un sueño, de ese sueño en el que él la había acompañado los últimos 7 días de la semana.
Zapatos, medias, pantalones, una camisa, un vestido, unos cucos y unos calzoncillos. Un brasier y una flor. Cobijas en el piso, una cama destendida y un par de sabanas, envueltas en las piernas de Violeta. 
El ya no estaba. Se había ido sin despertarla. Suavecito suavecito, casi sin mover las sábanas que apenas alcanzaban a tapar la punta de sus pezones semidescubiertos y erizados por el primer viento invernal que acariciaba la mañana, se levantó sin susurrar ni si quiera un te amo.
Violeta, se había ido de largo esa mañana porque la noche anterior apenas había podido dormir. La despedida fue larga, con amigos, música, y muchas palabras sin decir, pero si muchas miradas que le quedarían en la mente por el resto de sus cortos días.
Sabía que si abría los ojos, y enfrentaba el mundo solitario que le esperaba, la tristeza manifestada en unas nauseas que nunca había sentido y que solo había visto en las películas románticas, cuando el dolor es tan fuerte por la pérdida del ser amado,  llegaría sin reparo.
Y así fue. Una fuerte tos que en realidad no lo era sino un impulso de su estómago, que conectado por los chacras, cree ella, manifestaban su más intenso dolor.
Suavecito suavecito así como Antonio se había ido, ella se levantó y decidió enfrentar el duro invierno.
Pero ya era otra. Esos 7 días la habían dejado seca como una uva. Ya ni sus más cercanos amigos a quienes les prestaba sus pantalones de pijama rosados cuando se quedaban a dormir en su casa, ni las caminatas por el centro de la ciudad, ni el olor a primavera, ni las canciones de Concha Buika le devolverían su alma.
Unas botas, un vestido, unos cucos, un brasier, unas cobijas y unas sábanas envueltas en las piernas de Violeta serian el cuadro que cada mañana se dibujaría en su cuarto cuando la luz entrara.
Y entonces comprendió que estaba destinada a dormirse, hasta que el volviera a despertarla, a despertarla entre sus piernas.
Entre tus piernas.

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