Hoy por fin me ha visitado el sol.
En esta vieja Buenos Aires, donde las calles se encuentran
atestadas de basura podrida, donde las baldosas se encuentran rotas y hay que
caminar con cuidado porque el pie se puede romper, ha salido de nuevo el sol.
Esta primavera no ha sido otra cosa que la prolongación del
invierno. Todos o casi todos los días llueve y un viento tenaz azota las
puertas y las ventanas de los apartamentos que se extienden por la Avenida
Córdoba.
Hoy, la gente se siente, por fin, en primavera, pero eso no
es suficiente para querer pensar mejor.

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